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Snailbrook: así es el retorno a las colonias industriales con el que sueña Elon Musk

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Autor | Jaime Ramos

Elon Musk no necesita presentaciones. El magnate sudafriano está empeñado en pasar a la historia como una de las grandes personalidades de nuestro tiempo y pocas ideas y proyectos, le faltan por proponer, adquirir o soñar. La última de ellas se mueve entre la megalomanía y la utopía. Se llama Snailbrook y es, en esencia, una ciudad que resucita el viejo modelo del pasado de las ciudades-empresa.

La revolución del coche eléctrico, la reanudación del programa espacial para colonizar la Luna y Marte, Hyperloop, interfaces cerebro-máquina que se implantan, Twitter… Las intenciones y las acciones de quien hoy ostenta el título del más rico del mundo influyen a no pocas personas en el planeta.

Su labor alcanza tantos ámbitos que parecía solo cuestión de tiempo que a Musk se le ocurriera erigir su propia ciudad. Claro que, a tenor de su historial en tantos frentes, es inevitable que surjan dudas en torno a este proyecto, sobre todo, si la ciudad que con la que hoy sueña Musk trasciende en lo urbano y piensa también en conformar una comunidad. Pero no adelantemos acontecimientos: esto es lo que sabemos de Snailbrook hasta la fecha.

¿Qué es Snailbrook y dónde está?

Snailbrook 2

Snailbrook se encuentra situado al Sudeste de Austin, cerca de Bastrop, en Texas (Estados Unidos), coincidiendo con las instalaciones de dos compañías de Elon Musk: The Boring Company y la aeroespacial SpaceX (y no lejos de la famosa firma Luecke).

La idea de esta ciudad-empresa cobró relevancia después de que un artículo de The Wall Street Journal desvelara los verdaderos planes de Musk tras de la adquisición de 2.430 hectáreas de terreno. La misma pieza destapó ciertos aspectos del proyecto.

¿Qué se sabe de cómo será la ciudad de Snailbrook?

Aparte del artículo mencionado y las fotos filtradas a través de redes sociales, pocos datos más se conocen sobre Snailbrook. En teoría, Musk no aspiraría a una ciudad utópica, sino más bien a brindar a su plantilla un vecindario a medida y práctico para los intereses comunes, tanto de trabajadores, como de sus empresas.

Así, desde WSJ se apuntó a un coste del alquiler de 800 dólares por viviendas de una o dos habitaciones, un precio bastante más bajo del que existe en la región. Es curioso que también se haya conocido qué ocurriría en caso de que un trabajador fuera despedido: tendría un plazo de "cortesía" de 30 días para abandonar la vivienda.

Por lo demás, hay muy pocos datos añadidos. Esto ha provocado que el misterio envuelva a Snailbrook. Por una parte, los documentos gráficos muestran cómo se han ido añadiendo casas para trabajadores (unas 110 viviendas) e instalaciones de ocio. Por otra, Musk no se ha pronunciado sobre sus intenciones. De hecho, de partida y tras la publicación del artículo de WSJ, el propio millonario señaló enTwitter que todo era falso.

Por qué Snailbrook parece una ciudad-empresa

Aunque Snailbrook posee un envoltorio tecnológico adaptado a nuestro tiempo, es inevitable compararlo con el decimonónico concepto de la ciudad-empresa. A lo largo de la historia, hemos visto cómo ciertos núcleos urbanos se han sometido a los intereses de una compañía, e incluso, a los designios de un empresario.

Las ciudades asociadas a la industria del chocolate (Bournville y Hershey), las comunidades de Henry Ford o la futurista ciudad de Walt Disney guardan similitudes con Snailbrook. Todas coinciden en ofrecer una vida mejor a sus habitantes a cambio de formar parte de una comunidad vinculada en lo físico y lo espiritual a la principal actividad del hormiguero.

La cuestión es si Musk piensa añadir ese toque utópico y/o moralizante en lo urbano que llevaría a plantear qué intereses han de cultivar los miembros de su comunidad. Es un tema tan complejo como espinoso, que también hemos contemplado en los ejemplos mencionados.

Algunas de las ciudades empresa, como Bournville, contaban con sus propios códigos. Por ejemplo, allí estaba prohibida la venta de alcohol. Puede resultar un contrato "obligado" en el que una parte ofrece seguridad económica a cambio de someterse a un código moral y normativo sometido a intereses comunitarios impuestos.

Ciudades laboratorio y/o tecnocráticas

Para aplicar el calificativo utópico ha de cumplirse la premisa de introducir alguno de los rasgos de las ciudades inteligentes y tecnológicas al proyecto de Musk. El perfil del magnate hace imaginar que eso ocurrirá.

En cualquier caso, no es de recibo pensar que, en el caso de Musk, la utopía se convertirá en una distopía pesadillesca, teniendo en cuenta que, en otras zonas del globo, presuntos laboratorios urbanos se han vendido bajo la clave del progreso y la sostenibilidad urbana. Y es que, si hablamos de ciudades utópicas (con cierto sub-texto distópico), podemos citar a la ciudad-empresa-futurista de Toyota, Woven City; o la ambivalente Cloud Town de Jack Ma, cerca de Hangzhou (China).

El historial del Musk da pistas sobre cómo sería Snailbrook

Snailbrook 3

El historial de Musk puede invitar a anticipar que Snailbrook no será una comunidad convencional. De momento, el propio artículo de WSJ apunta a que está influenciado por personalidades como Kanye West o su expareja, la intérprete Grimes. Además, el propio Musk contará con una residencia en su "villa".

Si retrocedemos en el tiempo podemos hacernos una idea de lo que podría pretender Musk. Hace poco más de una década, su compañía Tesla era considerada también como una utopía para masificar el coche eléctrico. En la automoción, no eran pocos los proyectos similares que terminaron en fracaso.

Los jefes de Tesla, encabezados por Musk, se ampararon en el viejo principio capitalista de producir a gran escala para poder ofrecer un coche eléctrico asequible. Eso implicaba lo que se vino a llamar gigafactoría de baterías. Este concepto, que le ha valido a Tesla su éxito industrial, se ha extendido por el globo como uno de los pilares que posibilita la producción de coches eléctricos.

Ahora bien, ese hito logrado contrasta con los arrebatos de Musk que sufrieron algunos empleados cuando las cosas no iban tan bien. ¿Se va a repetir una historia similar con Musk dirigiendo a su antojo, no una fábrica de baterías, sino una ciudad? El tiempo lo dirá. La idea, cuanto menos, resulta intrigante.

Imágenes | Flickr/NASA HQ PHOTO, Google Maps, Wikimedia.commons/Smnt

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